Planificación de la conservación Identificación de prioridades espaciales y estratégicas para la conservación y restauración de ecosistemas y especies, considerando amenazas, servicios ecosistémicos y criterios de equidad.
Programa de Investigación 4
Conservar la biodiversidad implica decidir dónde actuar, qué amenazas atender y cómo incorporar a las personas que viven y trabajan en esos territorios.
El Programa de Investigación 4 del IEB: Conservación y Bienestar Humano, estudia estas decisiones en ecosistemas terrestres, marinos y de agua dulce. Reúne investigaciones sobre la planificación de la conservación, las políticas y la gobernanza, y el trabajo conjunto con las comunidades y los sectores público y privado. Sus integrantes desarrollan métodos para identificar prioridades de conservación y restauración, estudian los efectos de distintas formas de manejo y aportan evidencia a procesos de decisión en Chile y a nivel internacional. Su investigación se organiza en tres líneas que conectan ecología, planificación territorial, ciencias sociales y política ambiental. En conjunto, buscan aportar evidencia útil para conservar la biodiversidad y comprender cómo las decisiones de conservación afectan el bienestar de las personas.
Planificación de la conservación Identificación de prioridades espaciales y estratégicas para la conservación y restauración de ecosistemas y especies, considerando amenazas, servicios ecosistémicos y criterios de equidad.
Gobernanza adaptativa y política pública Estudio y fortalecimiento de marcos regulatorios e institucionales que promuevan la participación activa de actores locales, pueblos indígenas y organizaciones públicas y privadas.
Coproducción de conocimiento Integración de saberes científicos, locales y tradicionales para desarrollar soluciones contextualizadas, inclusivas y culturalmente pertinentes que fortalezcan la resiliencia socioecológica.
El Programa Conservación y Bienestar Humano desarrolla herramientas cuantitativas y análisis espaciales para identificar áreas prioritarias de conservación y restauración, evaluar amenazas y comparar alternativas de manejo.
Equipos de investigación del IEB y de otras instituciones han aplicado herramientas de planificación sistemática de la conservación para comparar alternativas de protección y restauración. En el mar territorial chileno, su trabajo examina cómo cambian las áreas prioritarias al considerar la representación de la biodiversidad, la configuración espacial y los costos. En Chile continental, evalúa dónde la restauración podría reducir el riesgo de extinción, almacenar carbono y favorecer la provisión de agua, teniendo en cuenta las condiciones que pueden influir en la permanencia de sus resultados. Asimismo, se estudia cómo integrar criterios de sostenibilidad y biodiversidad en la planificación de las ciudades.
Otras investigaciones del programa han identificado riesgos acumulativos para los bosques de algas de la Patagonia, así como hábitats prioritarios para la conservación en el centro-norte de Chile, los que sustentan sistemas agroalimentarios y ciudades. También han estudiado cómo la conectividad, la fragmentación, los cambios de uso del suelo y la variabilidad climática afectan a las especies, los ecosistemas y los servicios que estos proporcionan. Estos conocimientos han contribuido también a la conservación y gestión de áreas protegidas, mediante la creación y el apoyo a la elaboración y actualización del plan de manejo del Santuario de la Naturaleza Estero Derecho y del Plan de Gestión 2024–2034 de la Reserva de Biosfera Fray Jorge.
Este Programa ha fortalecido significativamente la interfaz ciencia-política a nivel nacional e internacional. Sus contribuciones incluyen informes de política, recomendaciones para la protección de ríos y la gobernanza posincendio, e insumos para líneas de base de biodiversidad en regiones bajo alta presión de desarrollo. También ha estudiado cómo los marcos legales y la gobernanza en Chile pueden facilitar o dificultar el cumplimiento de las metas de biodiversidad, con especial atención a la equidad y la participación.
Asimismo, se ha colaborado en procesos de política nacional, incluyendo el desarrollo de legislación sobre biodiversidad y áreas protegidas, e investigadores e investigadoras han jugado roles activos en plataformas internacionales de ciencia-política, como la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) y procesos del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB). María José Martínez-Harms fue nombrada copresidenta de la evaluación de IPBES sobre planificación espacial y conectividad ecológica. Esta participación fortalece la contribución del IEB a procesos internacionales de ciencia y política sobre biodiversidad.
El Programa también ha contribuido a la elaboración de un manual sobre áreas protegidas para Chile y a la evaluación de IPBES sobre especies exóticas invasoras y su control, copresidida por Aníbal Pauchard. Esta última reúne evidencia mundial para orientar las decisiones de prevención y manejo de las invasiones biológicas. A ello se suman investigaciones sobre indicadores de bienestar humano, justicia ambiental y gobernanza equitativa en áreas protegidas.
Y a nivel más local, basándose en una evaluación del conflicto entre aves de corral y carnívoros en Chile, se están probando disuasivos auditivos para mitigar conflictos en contextos productivos a pequeña escala en colaboración con agencias públicas como el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), en asociación con comunidades locales.
El Programa también ha impulsado la investigación y la coproducción de conocimiento con actores del sector productivo, vinculando la evidencia ecológica con la toma de decisiones en sistemas agrícolas y otros paisajes de trabajo. Estas colaboraciones han abordado, entre otros temas, el manejo de polinizadores en la agricultura, la mitigación de conflictos entre fauna silvestre y actividades productivas, y el desarrollo de prácticas de uso del territorio que compatibilizan la producción con la conservación de la biodiversidad y la provisión de múltiples servicios ecosistémicos.
Una de las fortalezas del Programa Conservación y Bienestar Humano es la coproducción de conocimiento con comunidades locales e indígenas. Las alianzas con comunidades han contribuido a la restauración de humedales, el manejo marino, las evaluaciones de gobernanza y el monitoreo de biodiversidad. Estos esfuerzos han robustecido procesos de conservación aplicada, como el monitoreo comunitario, la gobernanza local de áreas protegidas y la mitigación de conflictos en paisajes agrícolas y forestales. También han contribuido a la integración de las dimensiones humanas en la conservación.
Un ejemplo es el trabajo junto a la comunidad mapuche lafkenche Mateo Nahuelpán en Carahue, Región de La Araucanía, para proteger el Humedal de Monkül. Investigadores del IEB han brindado apoyo técnico para la conservación, generando un aprendizaje mutuo y respaldando a las dirigentas mapuches locales, articulando la conservación de la biodiversidad con la equidad de género.
En el fiordo de Reloncaví, Región de Los Lagos, un equipo del IEB está colaborando con actores locales para identificar posibles áreas de protección y restauración marino-costera. La investigación considera los usos del fiordo, las presiones que enfrenta y el conocimiento de quienes viven y trabajan en él.
En los próximos años este Programa continuará profundizando los tres pilares que orientan su investigación.
En planificación de la conservación, fortalecerá las evaluaciones nacionales de áreas protegidas y conservadas, analizando cómo los instrumentos incorporan ecosistemas y especies prioritarios y responden a compromisos nacionales e internacionales.
En política y gobernanza, impulsará investigación aplicada sobre biodiversidad y paisajes productivos, incluyendo el monitoreo de vida silvestre, la mitigación de conflictos y el estudio de cómo sectores como el vitivinícola integran la conservación.
Finalmente, ampliará la coproducción de conocimiento y el fortalecimiento de capacidades mediante procesos colaborativos con agencias públicas, comunidades, ONG y actores privados. Estas alianzas permitirán promover el diálogo y el aprendizaje mutuo, generando evidencia para apoyar la toma de decisiones y fortalecer la gestión de la biodiversidad.