Historia
Una red que se atrevió a crecer

Veinte años de ciencia colaborativa cambiaron la forma de entender la biodiversidad en chile: ya no como un obstáculo para el desarrollo, sino como la infraestructura que lo sostiene.
fundadores
universidades de origen
La vinculación se ha dado con el mundo público y privado. El Instituto ha trabajado sostenidamente con el Estado, en especial con el Ministerio del Medio Ambiente, colaborando durante dos décadas en estudios sobre vulnerabilidad de la biodiversidad frente al cambio climático, especies invasoras, clasificación de especies, evaluación de ecosistemas y, más recientemente, en iniciativas como Biodata para fortalecer la gestión de la información sobre biodiversidad. También se ha colaborado con la industria, como lo muestra el programa Conservación de la Biodiversidad en Agroecosistemas (BCA), creado en 2008, que ha demostrado que la naturaleza es infraestructura estratégica para el sector productivo y que conservar bosques, fauna nativa y corredores biológicos es una ventaja para producir vinos de mejor calidad, resilientes y diferenciados. Tomando esta experiencia, el IEB continúa desarrollando investigación y evidencia científica sobre las contribuciones que entrega la naturaleza al sector agrícola.
«Uno de los cambios más importantes que ha impulsado el IEB es entender que la biodiversidad no es un obstáculo para el desarrollo. La naturaleza es la base de nuestra economía y la infraestructura natural que sostiene la producción. Si esa infraestructura se degrada, aumentan los riesgos para todos», destaca la creadora del VCCB y actual directora alterna del Centro Basal IEB (FB210006), Olga Barbosa.
Conocer esa infraestructura natural no sería posible sin investigaciones de larga data que permitan estudiar los ciclos de la naturaleza. Por ello, se ha impulsado la creación de la Red Chilena de Estudios Socioecológicos de Largo Plazo (LTSER-Chile) vinculada a la red internacional I-LTER. Esta red se sostiene porque existe la infraestructura adecuada para la investigación en tres estaciones biológicas: Senda Darwin en Chiloé, Parque Omora en la Isla Navarino y Parque Nacional Bosque Fray Jorge en Coquimbo, espacios donde el IEB ha colaborado fuertemente con su ampliación y equipamiento.
Las estaciones biológicas han servido tanto para acoger a investigadores, investigadoras y estudiantes como para posibilitar la interacción con el medio. La educación ambiental conectada con los territorios y sus comunidades se ha expresado en el IEB a través de proyectos en las regiones de Coquimbo, Metropolitana, Biobío, Los Lagos y Magallanes. Muchas de estas acciones que buscan acercar la naturaleza a las personas nacieron gracias al trabajo y el legado de Juan Armesto, fundador del IEB y de la Estación Biológica Senda Darwin, creada en 1996.
Ese esfuerzo del IEB por acercar la biodiversidad a la sociedad también se ha reflejado en la creación de más de 50 libros, guías de campo y materiales educativos dirigidos a diversos públicos, que han ampliado las formas en que circula el conocimiento científico. Algunas de estas obras, como los libros Ecología: Conocer la casa de todos y Ecología del agua, fueron adquiridos por el Ministerio de Educación para ser distribuidos en escuelas y biblotecas públicas a nivel nacional.
Las dos décadas de existencia del IEB fueron posibles gracias a una política de Estado de financiamiento asociativo de la ciencia, a una gestión de recursos exitosa que incluye apalancamiento de fondos de empresas y organismos internacionales, a una gobernanza interna consolidada, a su flexibilidad y capacidad de evolución. A lo anterior se le suma la unión y compromiso de un equipo de científicas, científicos y profesionales en torno a los propósitos del Instituto: conocer y cuidar la riqueza de nuestra biodiversidad en todas sus dimensiones.
La vinculación se ha dado con el mundo público y privado. El Instituto ha trabajado sostenidamente con el Estado, en especial con el Ministerio del Medio Ambiente, colaborando durante dos décadas en estudios sobre vulnerabilidad de la biodiversidad frente al cambio climático, especies invasoras, clasificación de especies, evaluación de ecosistemas y, más recientemente, en iniciativas como Biodata para fortalecer la gestión de la información sobre biodiversidad. También se ha colaborado con la industria, como lo muestra el programa Conservación de la Biodiversidad en Agroecosistemas (BCA), creado en 2008, que ha demostrado que la naturaleza es infraestructura estratégica para el sector productivo y que conservar bosques, fauna nativa y corredores biológicos es una ventaja para producir vinos de mejor calidad, resilientes y diferenciados. Tomando esta experiencia, el IEB continúa desarrollando investigación y evidencia científica sobre las contribuciones que entrega la naturaleza al sector agrícola.
«Uno de los cambios más importantes que ha impulsado el IEB es entender que la biodiversidad no es un obstáculo para el desarrollo. La naturaleza es la base de nuestra economía y la infraestructura natural que sostiene la producción. Si esa infraestructura se degrada, aumentan los riesgos para todos», destaca la creadora del VCCB y actual directora alterna del Centro Basal IEB (FB210006), Olga Barbosa.
Conocer esa infraestructura natural no sería posible sin investigaciones de larga data que permitan estudiar los ciclos de la naturaleza. Por ello, se ha impulsado la creación de la Red Chilena de Estudios Socioecológicos de Largo Plazo (LTSER-Chile) vinculada a la red internacional I-LTER. Esta red se sostiene porque existe la infraestructura adecuada para la investigación en tres estaciones biológicas: Senda Darwin en Chiloé, Parque Omora en la Isla Navarino y Parque Nacional Bosque Fray Jorge en Coquimbo, espacios donde el IEB ha colaborado fuertemente con su ampliación y equipamiento.
Las estaciones biológicas han servido tanto para acoger a investigadores, investigadoras y estudiantes como para posibilitar la interacción con el medio. La educación ambiental conectada con los territorios y sus comunidades se ha expresado en el IEB a través de proyectos en las regiones de Coquimbo, Metropolitana, Biobío, Los Lagos y Magallanes. Muchas de estas acciones que buscan acercar la naturaleza a las personas nacieron gracias al trabajo y el legado de Juan Armesto, fundador del IEB y de la Estación Biológica Senda Darwin, creada en 1996.
Ese esfuerzo del IEB por acercar la biodiversidad a la sociedad también se ha reflejado en la creación de más de 50 libros, guías de campo y materiales educativos dirigidos a diversos públicos, que han ampliado las formas en que circula el conocimiento científico. Algunas de estas obras, como los libros Ecología: Conocer la casa de todos y Ecología del agua, fueron adquiridos por el Ministerio de Educación para ser distribuidos en escuelas y biblotecas públicas a nivel nacional.
Las dos décadas de existencia del IEB fueron posibles gracias a una política de Estado de financiamiento asociativo de la ciencia, a una gestión de recursos exitosa que incluye apalancamiento de fondos de empresas y organismos internacionales, a una gobernanza interna consolidada, a su flexibilidad y capacidad de evolución. A lo anterior se le suma la unión y compromiso de un equipo de científicas, científicos y profesionales en torno a los propósitos del Instituto: conocer y cuidar la riqueza de nuestra biodiversidad en todas sus dimensiones.
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